En perpetua necrópolis yo vivo
y paseo cada día por sus calles
el silencio puebla mi corazón eterno
que aún en vida camina entre los muertos.
Y es que el amor vive inerte en mi cuerpo
lo recorre sepultando otros amores
esperando, sabiendo que se acerca
aquél que logrará resucitarlo.
En necrópolis vacia y muda espero
como Lázaro la mano que no llega
aunque oigo ya pasos a lo lejos.
Y sé que pronto su piel sensible y pura
rozará mi blanco y muerto rostro
entonces dejará mi helada tumba
y viviré con él en otro espacio.